Trastorno de la personalidad

Este testimonio que voy compartir está basado en la experiencia familiar de unos conocidos. En él expongo cómo, a veces, nos resistimos a reconocer y aceptar situaciones, pese a sufrirlas en primera persona. En este caso, esta familia, vivieron un problema importante con su hijo,  que necesitaba tratamiento psíquico y psicológico. Sufría un trastorno de la personalidad, cuyos síntomas mostraban una gran inestibilidad emocional en su conducta. Pese a haber superado esta crisis, él sigue bajo supervisión médica, ya que este desequilibrio provoca que se pase fácilmente de la euforia a la depresión.

Como ya he comentado, para esta familia fue difícil admitir esta situación. Siempre lo exculpaban, explicando de tener un carácter difícil, y que luego se le pasaría porque era un niño cariñoso. Sin embargo, la inestibilidad del chico se fue agravando cada vez más, haciéndose visible su falta de control sobre las situaciones.

Una noche en la que cenábamos en su casa, el chico se  salió de madre y, sin mostrar ni un ápice de respeto hacia sus padres ni hacia los demás, les insultó públicamente, revelando un verdadero y descarnado desprecio hacia sus padres. Los tachó de ruines y controladores, profiriéndoles todo tipo de insultos. Todo ocurrió porque su madre -tras darle dinero que le pidió-, le preguntó dónde iba y a qué hora iba a regresar. A pesar de la tensión que generó el enfretamiento, su madre lo volvió a excusar ante nosotros.

Un poco más tarde, cuando los ánimos estaban más calmados, su madre nos comentó el problema que una amiga suya tenía con su hija -similar a lo que ella vivía con su hijo-. En ese momento, no pude callarme y, con todo mi cariño, le dije: Tú también tienes un grave problema con tu hijo que debes afrontar.

Mis palabras la derrumbaron y se puso a llorar; tanto ella como su padre se sentían desbordados por la situación. Ellos nos contaron que vivían con miedo y  en una continua intimidación. Una crítica y grave situación que, en cierto modo, esa noche llegó a su fin. Sintiéndose respaldados por nosotros, decidieron buscar un psicólogo que pudiera tratar  el problema de su hijo. Su problema se trató psicológicamente y psiquiátricamente con una medicación que equilibraba sus emociones. A tres años vista de esa noche, la circunstancia familiar ha cambiado. El chico ha comenzado a asumir responsabilidades en su vida y está obteniendo buenísimos resultados en aquello que se propone.

 

 

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