Siente el pensamiento, piensa el sentimiento

Los sentimientos y la capacidad para expresarlos deberían ir de la mano, pero no siempre resulta posible. Nadie es de hielo. Lo que sucede es que algunas personas tienen más dificultad que otras para conectar con sus sentimientos o para compartirlos. Los bloqueos, los miedos, la inseguridad, la duda, etc. se entrecruzan en el camino silenciando lo que sentimos con el corazón. Dar salida a esas sensaciones es importante cuando nuestras barreras dificultan la comunicación con las personas que más nos importan.

Somos incapaces de expresar lo que sentimos porque nos cuesta reconocerlo. Pasa, sobre todo, con emociones negativas -rabia, envidia, remordimientos, etc.- o nuevas -primer amor, primer desengaño, etc.-. Poner nombre a esos sentimientos es crucial porque sólo así podremos entender lo que nos ocurre y canalizarlo de la mejor manera posible. La rabia, por ejemplo, puede enseñarnos a aceptar la frustación; la envidia puede impulsarnos al progreso personal; asumir que estamos enamorados nos ayudará a entender esa extraña sensación de miedo o de pérdida de control.

A veces, los sentimientos quedan bloqueados tras una mala experiencia. Es lo que puede suceder cuando una persona entrega su corazón a otra y, tras sufrir una decepción, se blinda al amor por temor a sufrir un nuevo fracaso. Sea por el motivo que sea, quienes mantienen sus sentimientos anestesiados crean una coraza que dificulta las relaciones personales, ya que tienden a volverse más reservadas, frías, huidizas o distantes.

Para romper esa coraza, se hace necesario volver a conectar con nuestro interior. Es la única forma de saber qué deseamos realmente y de vivir la vida plenamente. Si te vuelves más sensible, tiene sus ventajas, te mantendrás despierto frente a las ajenas y no se re escaparán oportunidades que antes te hubieran pasado por alto.

Las palabras son un arma de doble filo, una herramienta muy valiosa, pero también un vehículo peligroso que nos puede conducir a más de un malentendido. Intenta expresarte con voz firme y de forma clara, sincera y directa. Cualquier tema puede ser abordado con naturalidad, siempre que lo hagamos con tacto y no seamos agresivos ni desconsiderados.

A la hora, por ejemplo, de hablar sobre un conflicto es mucho más efectivo exponer cómo nos afecta algo que hace otra persona, que atacarla y echarle la culpa. Otra buena táctica es acompañar las críticas constructivas de elogios. No será faltar a la verdad porque todos tenemos virtudes a destacar.

Las personas que saben reconocer sus emociones están mejor preparadas para gestionarlas y para distinguir las ajenas. Por ese motivo, se desenvuelven con más soltura y tienen menos problemas entablando relaciones afectivas.

Las palabras nos ayudan a entendernos porque describen nuestras emociones y ayudamos a que nos comprendan. Si te cuesta explicar lo que sientes, prueba a escribirlo primero. Al plasmar tus sentimientos por escrito, te resultará más fácil darles forma después.

Las muestras de cariño -una sonrisa, un abrazo, un beso, una mirada cómplice, una palmada en el hombro, etc.-activan la producción de otocina, la hormona del apego, que fomenta la ternura, el amor y la empatía entre las personas. Es entonces cuando las barreras caen y crece la confianza y la conexión.

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