Serenidad

Serenando nuestra mente, veremos las cosas con mayor objetividad. Una actitud ecuánime y tranquila nos ayudará a encontrar nuestro equilibrio. Nuestro estado de ánimo depende, en gran parte, de nuestra forma forma de valorar los acontencimientos que suceden a nuestro alrededor. Si lo hacemos de manera positiva, podrás vivir más relajado y feliz.

La mayoría de nosotros tendemos a darles demasiadas vueltas a las cosas. Es una forma de defendernos del entorno y de solucionar nuestros problemas. Pero llega un momento en el que pensar una y otra vez en los mismos temas puede causarnos intraquilidad. Es entonces cuando es necesario recuperar la serenidad, esa sensación de equilibrio y bienestar que nos permite juzgar todo aquello que nos rodea de una forma ecuánime y objetiva. La serenidad nos permite ver las cosas en su aspecto verdadero y nos impide dorarlas o ensombrecerlas según sea nuestro humor. No es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella.

Se trata, por tanto, de no necesitar tanto el exterior y de crear nuestro propio mundo interior, formentando valores como la seguridad, el equilibrio y la justicia. Hay que tener en cuenta que nuestro estado de ánimo no depende tanto de lo que acontece en el mundo real, sino de la forma en la que se interiorice esta realidad. No son las demás personas ni las circunstancias las que nos pertuban, sino más bien nuestros propios pensamientos y actitudes sobre esas personas y circunstancias.

Ante un mismo contratiempo, una persona serena reaccionará de una forma más realista y constructiva que otra más ansiosa porque no se deja llevar tanto por el criterio o la actitud de los demás y actúa en todo momento en base a sus propias convicciones.

Mantenerse sereno cuando todo va bien es fácil, pero cambia cuando tenemos problemas. No importa lo que ocurra a tu alrededor, ten las ideas muy claras y actúa siempre en base a ellas. Una conciencia tranquila nos hace serenos.

No te agobies con los obstáculos y los fracasos. Forman parte de la vida tal como es, así que encájalos de la mejor manera posible y sigue adelante. A la hora de relacionarte con las personas que hay cerca de ti, procura ser lo más tolerante y objetivo posible, si tu actitud es justa y serena, los demás entrarán en tu mundo y acabarán comportándose de la misma manera. Estar en paz con uno mismo es el medio más seguro de comenzar a estarlo con los demás.

Evita, en todo momento, las actitudes negativas y derrotistas. Pensar que todo va a salir mal es como ponerte palos en las ruedas. Te impedirá avanzar y levantarte después de la caída. Si no pasas por un buen momento, en lugar de replegarte sobre ti mismo y culpar a los demás de tu mala suerte, haz un análisis objetivo de la situación y utiliza todos los recursos que tengas a tu alcance para superar la adversidad.

Intenta vivir a un ritmo más lento. Sosiega tu espirítu y cuida de tu cuerpo y de tu mente. De esta manera tus pensamientos serán más justos, quilibrados y serenos.

 

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