Extinción..

Extinción: una palabra fuerte, triste, irreverente, no muchas veces completamente asimilada en su inexorable significado. La extinción es un proceso biológico de escalas geológicas que viene aconteciendo desde los orígenes de la vida en nuestro planeta.
El mecanismo de la extinción va de la mano con los procesos evolutivos por los cuales las especies compiten y desarrollan habilidades que les permiten subsistir y adaptarse a los cambios. Muchas especies en la historia evolutiva fueron víctimas de la extinción debido a cataclismos, condiciones desfavorables, o competidores mas fuertes. Estas extinciones siempre se suceden en el transcurso de varios miles de años, periodos tales que permiten el resurgimiento de otras especies mas exitosas y de esta manera equilibrar la balanza en la biodiversidad de los ecosistemas. La vida se perfecciona en una eterna carrera armamentista en la cual las especies se renuevan y especializan, haciendo cada vez más frondoso y diverso el árbol de la vida.
Sin embargo, existe otro tipo de extinción que nada tiene que ver con procesos naturales de recambio: es la extinción llevada a cabo por el humano. La principal característica de este tipo de extinción es la extrema velocidad con la cual se ejecuta. En menos de una década, especies que existieron por varios cientos de miles de años desaparecen, cercenando las ramas del árbol de la vida, e imposibilitando el resurgimiento de nuevas especies.
Las causas de estas extinciones en su mayoría son ampliamente conocidas: contaminación, calentamiento global, destrucción del hábitat, caza furtiva. Pero el objetivo de estas líneas no es repasar las causas, sino comprender y transmitir el vacío y la inexorable esencia de una realidad que saquea a diario nuestro planeta de especies únicas e irrepetibles. Especies que la gran mayoría jamás conocieron ni conocerán. Y hago hincapié en esto último, ya que la gran mayoría solo conocemos los casos emblemáticos de especies en peligro de desaparecer, como son los casos del panda gigante, el oso polar, el gorila de montaña, los tigres, varias especies de ballenas, y varios más. Sin embargo, esta es solo la punta de un iceberg que aglutina una cantidad de especies espeluznante, que año tras año se vuelve cada vez mas abultada.
  Y para darle carne y sustancia a estos párrafos de humilde academicismo quisiera dar a conocer un caso (entre tantos cientos que hay) que me impactó y entristeció sobremanera: es el caso del BAIJI (Lipotes vexillifer) o delfín chino de río. El BAIJI era un precioso cetáceo que vivía únicamente en el río Yangtzé de China. Recuerdo de peque estar curioseando entre mis libros y leer historias de este fantástico animal, y hasta no hace mucho enterarme que este magnífico y raro cetáceo se encontraba en peligro de extinción.
La destrucción de su medio ambiente, la contaminación de las aguas, la caza, la colisión de embarcaciones con estos animales, y la construcción de represas a lo largo del cauce de este río, su única morada, provocó que este animal disminuyera su población a números alarmantes, siempre albergando la esperanza de que los esfuerzos de científicos, conservacionistas y autoridades gubernamentales lograran revertir el triste destino de tan hermosa criatura. Sin embargo, el bello BAIJI se ha ido para siempre. En junio del 2008, tras una infructuosa búsqueda visual y acústica realizada por 30 investigadores durante seis semanas en el río Yangtzé, la especie fue declarada oficialmente EXTINGUIDA.
Algunos sostienen que pueden quedar escasos ejemplares muy dispersos unos de otros. Aún así, en biología existe un parámetro denominado POBLACÍON CRÍTICA que versa acerca de un número NECESARIO de individuos para poder juntarse, procrear, y mantener una población. Por debajo de ese número, la especie como entidad biológica activa esta extinta. Solo resta que los escasos individuos que quedan vagando cual fantasmas de un naufragio mueran en soledad y pasen a engrosar los anales de aquellos que dejaron este planeta.
Mi mente viaja por las orillas de ese río, y se percata con profusas lágrimas que esa bella expresión de la naturaleza, ese compañero de cuarto, extravagante y fantasmal se ha ido. El vacío es enorme, y la denigración que esto provoca a la especie humana es infinita. Me gustaría que lo conozcan, que lo piensen por unos instantes, que lo imaginen nadando con gracia y gallardía. Que sepan que él estuvo entre nosotros… que era una rama del gran árbol de la vida, él era el BAIJI.
Con estas humildes líneas quisiera homenajear a todas las bonitas criaturas que año tras año dejan de existir para siempre y que jamás volverán, victimas de la codicia y estúpidez humana.

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