Cuando el ambiente se convierte en tu enemigo

Síndrome de Intolerancia y Sensibilidad Química Múltiple (SSQM o SQM). Se le conoce también como “enfermedad del siglo XX”, “enfermedad ecológica” o incluso “enfermedad ambiental”.

Por todo ello, dada la complejidad y variantes de los trastornos y/o enfermedades a que se alude con las denominaciones arriba indicadas, según la conclusión de un panel de expertos convocados por la OMS (1996), la denominación de enfermedad ambiental idiopática o, mejor, Intolerancia Ambiental Idiopática. Un trastorno adquirido con síntomas recurrentes múltiples, relacionado con múltiples factores ambientales tolerados por la mayor parte de las personas y que no se explica por ningún trastorno médico o psiquiátrico. La amplitud es mayor que la del síndrome de I/SQM (y la de enfermedad ambiental , EA)
Nuestra vida cotidiana está literalmente envuelta en productos químicos, causados por el incremento de sustancias químicas presentes en las sociedades desarrolladas. Por eso ésta enfermedad es relativamente nueva, por lo que no hay estudios epidemiológicos que certifiquen el número de afectados, y es la respuesta fisiólogica de algunos individuos frente a multitud de agentes y compuestos químicos que se puede encontrar en el medio ambiente,  hay más de 150.000 sustancias de utilización cotidiana sin que su nocividad haya sido analizada y de dudosos efectos para la salud, las sustancias que disparan la crisis están presentes en la mayoría de productos:

  • Disolventes orgánicos, pinturas y lacas para acabados (xileno, cloruro de metileno, destilados de petróleo, éteres de glicoles, tricloroetano)
  • Plaguicidas (diazinon, gution y otros organofosforados)
  • Humos diversos (tabaco) y humos de soldaduras. Polvo, muebles y alimentos (madera, aglomerados, barnices, remolacha, azúcar). Papel
  • Metales (niquel, plomo)
  • Sustancias químicas diversas (formaldehido, freón, etanol, ácido nitrico, ácido clorhídrico, toluendiisocianato)
  • Productos de perfumería y ambientadores (champú, suavizantes, barnices de uñas y quitaesmaltes, colonias, perfumes, lociones de afeitado, cosméticos varios, desodorantes). Artículos de limpieza. Insecticidas. Incluso a  niveles muy bajos (como la tinta de los periódicos).
  • Medicamentos (El simple colorante de un jarabe puede dar reacción)

Algunas personas, sin saber que la tienen, están siendo tratadas erróneamente como pacientes de varias enfermedades aisladas sin conocerlas. A menudo están en entredicho, son víctimas del rechazo médico y social por ser considerados como simuladores y, en consecuencia, no obtienen el lógico beneficio de una atención sanitaria y de otras prestaciones adecuadas a su situación.
La dificultad de su diagnóstico, por las limitaciones de los criterios empleados al efecto, los inumerables factores determinantes de la aparición de los casos, y el hecho de que puede afectar no solamente a trabajadores que manipulan productos químicos, sino también a los de aquellas actividades carentes, en principio, de este tipo de implicación, lo convierten en motivo de contraversia científica y, a la vez, amplían el ámbito de incidencia de nuevos casos de manera difusa a prácticamente todo el campo de la actividad laboral.
El cuerpo se defiende de forma natural contra estas agresiones, a veces con un dolor de cabeza, una erupción cutánea, dolor de estómago, cansancio inusual o sensaciones pasajeras de ahogo. Cuando el cuerpo se satura de estos tóxicos, no es capaz de eliminarlos ni de tolerarlos y produce una respuesta en forma de desórdenes en varios sistemas de organismo, los síntomas, en principio son parecidos a una alergia.
La reacción “alérgica” de su cuerpo puede manifestarse:

  • Sistema nervioso central: Dolor de cabeza, fatiga, irritabilidad, pérdida de memoria y capacidad de concentración, disfunciones cognitivas, insomnio, cambios de humor, depresión y ansiedad.
  • Musculoesquelético: Entumecimiento, debilidad, dolor muscular, tensión muscular, falta de coordinación, dolor articular
  • Respiratorio: Dificultad respiratoria, tos, ronquera, otitis recurrente, rinitis, afonia.
  • Cardiovascular: Dolor pectoral, palpitaciones, ritmo irregular, taquicardia, hipertesión.
  • Gastrointestinal: Espasmo esofágico, náuseas, vómito, diarrea recurrente, estreñimiento, cambios de apetito, anorexia
  • Piel, mucosas y ojos: Irritación, prurito, eczema, irritación cutánea, hinchazón facial, dolor de garganta, irritación y dolor ocular.
  • Genitourinario: Trastonos menstruales, vaginitis, dolor, disuria, retención urinaria, impotencia.
  • Bajada del sodio que podría tener repercusiones serias, incluso inducir al coma.

El sufrimiento de algunos de los afectados puede llegar a ser muy importante como consecuencia de los padecimientos físicos de la enfermedad y de las limitaciones de vida a que frecuentemente estan sometidos, han de cambiar completamente sus hábitos de vida, adaptar todo el mobiliario de la casa, modificar su lugar de trabajo e incluso sus costumbres sociales. Es una enfermedad emergente, que cada vez afectará a mayor número de personas. Todos podemos ser susceptibles de padecerla.
El síndrome SQM no está reconocido por el sistema sanitario español, aunque sí por otros países de nuestro entorno como Alemania o Austria. Para algunos estados de EE UU es tanta la problemática y la incidencia que todo el mes de mayo ha sido declarado Mes de la Sensibilidad Química Múltiple. En 2006 apareció un documental con el nombre de “Carga Tóxica” dedicado a este síndrome. Lo peor de que la SMQ no esté reconocida como enfermedad en España <<es que la clase médica no tiene información al respecto sobre esta patología, por lo tanto no se diagnostica. Los caros tratamientos paliativos no reciben cobertura sanitaria y no se investiga a pesar de ser una enfermedad que va en aumento, que es crónica y que llega a incapacitar al afectado, eso sin hablar del aislamiento social y laboral que genera>>. Apenas una docena de médicos españoles están capacitados para reconocer este síndrome. ” Lo triste es que habrá muchísimas personas que llevará años con un cansancio inusual, intolerancias y otros síntomas y que estarán perdidas simplemente por no haber encontrado un médico capaz de diagnosticarle lo que tiene y es muy importante el diagnóstico precoz para adoptar medidas y evitar, en lo posible, el agravamiento de los síntomas. Por supuesto, al no estar reconocida como enfermedad, no se les puede dar la baja médica por la SQM en sí misma, sino, eventualmente, por alguna de las dolencias que lleva asociadas; ni acceder a una pensión de incapacidad ni siquiera en los casos más severos.

Asociaciones de afectados de España, que forman el Comité Nacional para el Reconocimiento del SSQM

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