Viaje de la desesperación a la esperanza

Debido a un accidente de tráfico David perdió la vista cuando sólo tenía 24 años. Cuando recuerdo la desesperación en la que vivía inmerso durante los primeros tiempos de su discapacidad, no puedo menos que dar las gracias a Dios por el cambio que en él se ha operado. Ahora veo a David feliz. Y esta felicidad jamás se obtiene con una indemnización por grande que ésta sea, así que seamos conscientes cuando cogemos un coche sin precaución no sólo por nosotros sino por los demás conductores también que puedan perjudicarles la vida.
Es una conquista que resulta de un trabajo de superación, de haber logrado ese propósito que, en un principio, parecía una quimera, pero que, con el debido esfuerzo, la debida dosis de voluntad y una gran constancia se convierte en una realidad, haciéndote inmensamente dichoso, puesto que es como un volver a nacer. David ha pasado, de una dependencia total, a disfrutar de toda la autonomía que le permite su discapacidad y los medios tecnólogicos de los que actualmente disponen quienes no pueden ver.
Hacía tan sólo unos meses que se había graduado en la universidad cuando se quedó ciego. Podríamos decir que había terminado ya su formación, que ya lo había aprendido prácticamente todo. Sin embargo, tuvo que volver a comenzar desde cero.
No fue nada fácil. Pasó dos años encerrado en  su casa, sin hacer nada más que compadecerse de sí mismo y alimentar un odio totalmente contraproducente hacia aquella situación que lo limitaba. Detestaba tener que depender de su familia, novia o amigos. Pocos meses después de quedarse ciego, rompió también con su novia Amelia, la que había sido su novia durante dos años. Y, aunque ella fue consciente de que no podía hacer nada por convencerlo de lo contrario, no perdió la esperanza de reiniciar su relación cuando él volviera a ser el de antes como así ha sido finalmente. David llegó a tocar fondo e intentó suicidarse. Aunque estuvo a punto de conseguirlo, se recuperó y, lo mejor de todo fue que estar tan cerca de la muerte y ver el enorme daño que nos hubiera causado a todos, le hizo empezar a considerar la idea de adaptarse a su nueva vida.
Aprendió a leer en braille en la Asociación Nacional de Ciegos, y, con ayuda de un perro-guía, ha logrado manejarse con autonomía y sin complejos. Pero nunca habría dado esos pasos si, previamente, no se hubiera unido a un grupo musical. Como siempre le ha gustado mucho la guitarra y tiene buena voz, alguien se lo propuso y todos le animamos a que lo hiciera. Esta actividad le ha devuelto la alegría, la ilusión por hacer cosas y hasta las ganas de tener pareja, pues ha vuelto con Amelia. El efecto positivo que ha causado la música en él no es algo causual, pues se ha demostrado la eficacia que tiene a la hora de superar bloqueos emocionales. Ahora, David es otro muy distinto.

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