Mis héroes

  Pongo en cuestión la admiración que sentimos por personas que destacan en ciertas profesiones como el deporte, la canción, el cine o todo lo que tiene relación con el espectáculo, en una sociedad que da más valor a lo que sucede delante de unos focos o escenarios que al trabajo silencioso de muchas personas.  Lo que de verdad me inquieta son los ídolos que elegimos en nuestra sociedad como modelos a imitar. Nadie se preocupa de enseñar a las nuevas generaciones que lo importante no es ser célebre, ni ser millonario antes de los treinta, que la felicidad no se alcanza al volante de un Ferrari ni con un gran chalet en la costa y menos por una buena nómina al final del mes.
Buscamos ídolos prefabricados y nos olvidamos que junto a nosotros, en nuestra vida diaria, tan cerca que no los vemos, hay personas que hacen de sus vidas un auténtico monumento, una obra de arte cotidiana. Son esas personas que no serán noticia, porque en este mundo la bondad, el amor a los demás, el trabajo honrado no son valores que vendan, ni que suban audiencias, ni facilitan el éxito en la sociedad. El éxito.. desde luego nada de lo que nos quieren vender, porque ese éxito popular que no se basa en tus virtudes sino en desnudar las partes oscuras del alma, ese éxito sólo trae soledad y vidas rotas.
Suele ser normal que cuando se piensa en héroes, se haga en personajes de historietas, comic’s, cinematográficos o televisivos.
Sin embargo suelen poner también como modelos reconocidos a seguir y en un pedestal sólo a los médicos y es cierto que en su trabajo ayudan a salvar las vidas humanas cuando caen enfermas, algunos por vocación y otros por simple nómina. Lamentablemente en ocasiones, solemos pasar por alto a quienes verdaderamente desde el anonimato y el día a día aportan todo y cumplen esta abnegada labor,  siendo los verdaderos héroes de carne y hueso.  A esas quiero dedicar estas líneas, a toda aquella persona humilde que ayudan, salvan vidas humanas y además arriesgan la suya por garantizar la seguridad de otras muchas. Aquellos que dan todo por un desconocido sin pedir nada a cambio. Son ellos nuestros héroes, quienes merecen el reconocimiento continuo.
A los caballeros del fuego, hombres muy valientes que se enfrentan con el peligro cada día;  y no importa cuanto tengan ni los estudios, ni el trabajo, ni el dinero, sólo por el significado de ser mejor persona, una humilde persona que cuando la tragedia golpea, ellos se transforman en los héroes que todos deberíamos recuerdar. Puesto que ellos conocen el verdadero significado de las palabras honor, deber, valor y sacrificio. Obrando como los verdaderos héroes del mundo y actuando más allá del deber.
Siempre alertas, atentos y dispuestos a dejar todo para poder responder una llamada urgente. Esto es algo que se dice habitualmente pero el ejercicio de pensar en esto lo hace mucho más grande, lo enaltece más aún. ¿Cuántas veces postergamos salidas, mandados o visitas por no estar de ánimo, por no tener ganas? Además de esta especie de desarraigo, también están las cuestiones personales, las que los hacen ser aún más ejemplo para todos nosotros. Me refiero a las lesiones que sufren.
En distintos ámbitos del Gobierno y la Legislatura nacional deberían haber proyectos en marcha para poder dar un atisbo de justicia para quienes eligen esta vocación. Los reconocimientos básicos de obra social y otros similares, que para muchos son habituales y no representan grandes erogaciones al Estado, aún siendo discutidos. Como si fuese necesario.
Mientras tanto, los tenemos aquí, entre nosotros, caminando por nuestras mismas calles, saludándonos con una sonrisa en cada cruce y sintiendo que están haciendo lo correcto, que ante cada llamada, la reacción y la salida es lo único que debe hacerse, sin evaluar peligros.
Dios lo cuide. Tal vez aquí no los premien y sólo reciban aplausos que, tal vez, ni deseen, pero en el cielo, recibirá muchísimo más de lo que que le puede dar este mundo y lo que se imagina. Que pasen un feliz día. Todos los humildes bomberos, todos esos héroes. Salud entonces, Bomberos, ejemplos diarios del buen proceder. Héroes locales, sin duda alguna. Aquí, en la tierra, y allá, en el cielo.

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