Nuestra ingenuidad

Nuestra ingenuidad, es la que nos hace creer que podemos cambiar lo que nos rodea, que podemos desafiar a un mundo en el que ya todo está firmado y sentenciado, en el que ya poco es lo que se puede hacer para cambiar, para mejorar. Existen razones suficientes para intentar cambiar la realidad actual, para variar nuestra percepción de lo que es la vida, para ayudar a mejorar este mundo, donde se ha de hallar este sentimiento de renovación. Pueden calificarnos de ingenuos, pueden vernos como niños grandes, como pequeños adultos, pero esto no descarta el hecho de que también podemos pensar y creer y que, además, podamos sentir la necesidad de corregir los errores del pasado, los problemas del presente, y los futuros conflictivos que aún están por llegar.
Somos pequeños grandes hombres y mujeres, más cerca de la vida adulta que de la adolescente. Vivimos en continuos cambios, cambios que a largo plazo convertirán nuestras ansias de mejorar el mundo en un simple sueño que dejaremos abandonado en algún rincón junto con nuestros deseos, junto con lo que creíamos que iba a ser nuestra vida, lo que queríamos que fuera. Es en ese lejano rincón donde habita nuestro verdadero yo, donde dejaremos abandonado al niño que fuimos, al niño que ya nunca seremos. Y todo esto a causa del miedo, miedo a la vida, a vivir nuestros sueños, a empezar a creer en lo imposible, a errar en el camino, miedo a lo que queremos llegar a ser, a lo que queríamos alcanzar, miedo a no saber cómo continuar, a desear morir viviendo, a morir en vida, a vivir una vida vacía, en definitiva, miedo a la vida.
Siendo niños quisimos crecer apresuradamente y no comprendimos que uno de nuestros objetivos en esta vida es apreciar el presente, olvidando el pasado y sabiéndonos capaces de vivir intensamente. Ahora, siendo jóvenes, pretendemos crecer rápidamente, comenzar la fase adulta, dejar atrás definitivamente nuestra etapa adolescente, sin comprender que pronto dejaremos atrás lo mejor de nuestra vida y sin percatarnos de cómo sucede, esto comienza a suceder cuando abandonamos un sueño, cuando dejamos de reírnos por las pequeñas comedias del día a día, cuando endurecemos el corazón para no sentir tanto dolor como sentimos, cuando cerramos las puertas de nuestra alma, cuando gritamos a un niño sin entender primero por qué lo hacemos, cuando dejamos de crecer tan precipitadamente como lo estamos haciendo, cuando rompemos nuestras promesas y callamos nuestro dolor, cuando cerramos los ojos para no ver el sufrimiento que nos rodea y nos tapamos los oídos para evitar escuchar el llanto, cuando evitamos sufrir y es inevitable, cuando negamos la existencia de la magia y sólo soñamos por la noche sin sospechar que los verdaderos sueños aparecen cuando ya no dormimos, cuando dejamos de apreciar la belleza que existe a nuestro alrededor, en la sonrisa de un niño, en la mirada de un amigo, cuando dejamos de vivir por miedo a la vida, cuando olvidamos lo más importante de todo este teatro del vivir: nadie estará en este mundo el tiempo suficiente como para poder entender el porqué de las incógnitas de la vida; la única solución para no vivir una vida en profunda frustración es vivirla dejándose llevar.
Y ahora, cuando me encuentro intentando dar los últimos pasos de la vida adolescente y me dispongo a comenzar la etapa adulta, ahora es cuando intento mirar atrás para poder aferrarme a lo imposible y conseguir frenar el paso del tiempo y frenar esta huida del mundo de los sueños. Ahora es cuando intento no olvidar el país de nunca jamás y me encuentro dejando migas de pan en el sendero, tirándolas a cada paso que doy para saber que aún me queda un camino de regreso. Ahora es cuando todo termina sin más, cuando todo comienza a cambiar y sueño con llegar a ser quien quiero ser, ser capaz de soportar el dolor y poder ayudar a quienes lo necesiten. Sueño con poder volar con la imaginación a lugares desconocidos donde nadie pueda llegar a reconocerme, sueño con escapar de esta vida y vivir otra completamente diferente desde el inicio. Sueño con huir a ese rincón donde la vida parezca bella, donde no me atormenten viejas mentiras, viejas promesas, viejos miedos. Ahora es cuando me encuentro en la encrucijada del camino y debo elegir sabiamente lo que quiero que sea mi vida y ser capaz de no alejarme demasiado de esa idea.

“La historia no es más que una
perpetua crisis, una quiebra de
la ingenuidad”.

E. M. Cioran

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