Un escalafón de incapaces

Un buen día dos leones lograron escapar de un parque zoológico. Corrían juntos huyendo de sus cuidadores. Como veían que había más posibilidades de que no los cogieran separándose, se despidieron y cada uno tomó un camino diferente. “Buena suerte, compañero de jaula”, se dijeron mutuamente. Ambos evitaron a los guardias, pero su suerte fue muy distinta, como narra esta historia.


leonsized.jpg    Un león tiró hacia el norte, hacia las montañas que rodeaban la ciudad. El otro tiró hacia el sur, hacia el centro de la urbe. Y lograron su objetivo: evitar a los guardias que los perseguían. Consiguieron estar cerca de cinco meses huidos. Y no más tiempo porque un día, el león que se había escondido en la montaña regresa con el rabo entre las piernas, sucio, delgado, pálido, magullado… Comienza a arañar la puerta del zoológico y se entrega triste y sin fuerzas para luchar. Los guardias lo prenden y lo meten en la jaula.
El león empieza a cuidar su mal aspecto día tras día, siempre sin dejar de echar de menos a su compañero: el león que había huido a la ciudad. Y … ¡Sorpresa! Un día escucha un alboroto en la puerta principal. Seis guardias llevan encadenado a un león fornido, brioso, con pelo brillante, músculos espectaculares, brillo en los ojos… Era su compañero. ¡Lo habían capturado!
Cuando lo metieron en la jaula con él, se alegraron de verse y cada uno comentó su aventura. El primero sollozó: “Ay, ay .. qué triste es mi historia; huí a la montaña, no tenía nada que comer, pasé muchísimo frío, no había cuevas para dormir, no había ni animalitos con quien hablar, sólo matas y piedras… Lo pasé fatal, tuve que rendirme y entregarme porque tenía muchísimo hambre. Pero y tú ? Cómo es posible que llegues con tan buen aspecto? Tan gordito, tan fuerte?
El amigo suspiró nostágico: Pues yo tuve mucha suerte, corrí por la ciudad sin rumbo y, de pronto, encontré un edificio que ponía administración Pública. Me escondí en los garajes. Cada día me iba comiendo un funcionario y .. aquello era un chollo! Nadie los echaba en falta, no mandaban investigar, no me buscaban ni nada. Pensaban que estaban de baja, haciendo recados, en días moscosos… qué se yo qué pensaban? El caso es que yo vivía a cuerpo de rey: dormía en un coche oficial que tenían de sobra.. Qué vida, chico. Su compañero le contestó: Pero eso.. es increíble! Y cómo es que te cogieron?
El otro león continuó: Un día cometí un tremendo error, un error de lo más infantil. Había comido a dos directores generales, a varios subdirectores… siempre sin problemas. Había comido a jefes de servicio, jefes de sección… ni un problema. De pronto, un día se me ocurre comerme a un auxiliar administrativo. Y después averigüé que además de hacer el trabajo de todos, también preparaba el café. Empezaron a preguntar por él, a buscarlo por todas partes, hubo una movilización tremenda. Ahí fue como me descubrieron y se me acabó el chollo!

Trabajar para la administración no siempre es la panacea 

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Una respuesta

  1. jajjaj muy buena la historia de los leones… che por si acaso, no habra uno de esos para que ande por aca por el congreso? la verdad que nos haria falta una buena limpieza de empleados publicos holgazanes y politicos corruptos >_< un besote paty!

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